jueves 27 de mayo de 2010

Un pequeño acercamiento a cómo entendemos las clases de religión con una impronta ecuménica. Desafíos y concepciones previas.

-Trabajo presentado para la asignatura Taller de Aprendizajes en Contextos Escolares de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.-

INTRODUCCIÓN

Hoy en día vivimos en una sociedad que avanza a pasos agigantados en el progreso de las ciencias y la tecnología. La fragmentación del conocimiento que evidenciamos desde la modernidad nos lleva a entender el mundo y al hombre como entes totalmente separados y cada uno de ellos con inimaginables métodos de estudio y de aproximamiento al conocimiento de sí, que pretenden entender a cabalidad su verdadera esencia. Por otro lado, la sociedad, entendida hoy como aldea global, nos presenta a los profesores -sobre todo al de religión- un gran desafío: la formación integral de personas. Justamente este desafío de la educación se sitúa en una sociedad multiétnica y pluricultural que trata de conjugar todos estos aspectos relacionados con la técnica, como a su vez trata de darle sentido a la existencia, en una misión espiritual, si se quiere. Tarea difícil, pues las ciencias no pretenden ni reconocen la necesidad de suplir el rol del sentido, sino que al contrario, busca por todos sus medios suplir necesidades inmediatas e intrascendentes, es decir, meramente somáticas. También somos testigos de cómo los anti-valores se han posicionado en la psiquis del colectivo apelando a elementos irracionales de existencia y del sin sentido, en donde todo es vano y relativo, en algunos casos exigiendo derechos que se mal entienden. La felicidad se vuelve así en un premio, un tesoro que se oculta en la soledad de la existencia humana y que revive en ciertos momentos de la vida: cumpleaños, relaciones afectivas, entretenciones varias, el compartir… pero siempre con esa característica que la hace tan peculiar y que la convierte en un verdadero tesoro: se esconde casi inmediatamente luego de ser encontrada[1].

La educación religiosa tiene justamente la misión de dar respuesta a esa necesidad ulterior del ser humano y del joven estudiante: dar sentido a la vida con la praxis de los valores morales cristianos para así alcanzar la felicidad plena, en Cristo Jesús. Dichosa misión la de los profesores de religión que tienen el deber de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo para la Humanidad; a pesar de ello, se me vienen a la mente unas cuantas y meritorias preguntas y que a mi juicio son fundamentales para entender el problema de la anunciación del Evangelio y que trataremos de responder: ¿de qué cristianismo hablamos? ¿Acaso no hay muchas iglesias? ¿Cuál de todas ellas tiene la verdad del mensaje cristiano? ¿Puede el profesor de religión católica o evangélica enseñar su disciplina a todos los alumnos aunque no profesen la misma fe? ¿No es esto proselitismo?

Así pues, si la clase de religión tiene esa pretensión de sentido absoluto -Dios-, es necesario entonces revisar cómo es posible enseñar el mensaje de Jesucristo para que sea entendido por personas que profesan diferentes creencias religiosas. Claro, sólo entendiendo el mensaje absoluto de aquel que es el Absoluto, podremos darnos cuenta que en las diferentes denominaciones cristianas hay más elementos que unen que los que desunen, configurándose así en elementos básicos y fundamentales de la fe. A esto se le llama Ecumenismo, cuando se trata de un diálogo sincero y fraterno entre denominaciones cristianas buscando puntos en común; pero cuando hablamos de Diálogo Interreligioso, nos referiremos a un dialogo sincero y fraterno con denominaciones religiosas diferentes. Es decir, por ejemplo: hay ecumenismo cuando dialogan los católicos con los luteranos; cuando hay dialogo interreligioso es cuando dialogan los judíos con los cristianos.

Esta tarea, ardua, por lo demás, presenta una meta seductora: presentar la verdad de la vida espiritual y dadora de sentido, libre de los prejuicios y conceptos religiosos que antaño separaban a las personas, reemplazándolos por elementos positivos tales como el amor, la unidad, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, la fraternidad, etc. Todo esto permitirá de algún modo particular mostrar el verdadero rostro de Dios, en sus diferentes manifestaciones en las religiones, entendiéndolas como las Semillas del Verbo[2].

A continuación veremos algunas temáticas de esta materia ecuménica e interreligiosa que pueden ser entorpecidas y que pueden coartar este aprendizaje debido a las ideas previas, alternativas y erróneas que los alumnos puedan tener al respecto y que pueden impedir la buena intención del diálogo ecuménico o interreligioso, y qué situaciones serían un obstáculo para lograr que los alumnos puedan dar pie a la promoción del respeto y a valorar otros tipos de creencias en un marco básico que permita un diálogo existencial con Aquel que ama al mundo hasta el extremo.

Finalmente, el siguiente apartado estará dedicado a la búsqueda de elementos concernientes al ámbito ecuménico e interreligioso, tomados de artículos de carácter científico que corresponden a las siguientes revistas:

· Scielo; Teología y Vida

o Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral. (Romero; 2004)

· Revista Veritas:

o El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural. (Cortina; 2005)

o Teología de las Religiones y Diálogo Interreligioso. (Escobar; 2006)

o Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso. (Cabrié; 2007)

o El diálogo Interreligioso: pasado, presente y futuro. (Ulloa; 2008)

· CSOnline - Revista Eletrônica de Ciências Sociais

o Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. (Ranquetat; 2007)


DESARROLLO


En una visión global podemos decir que la necesidad de una praxis coherente con el discurso cristiano católico es una base elemental para construir esta enseñanza en cuestión (dar a conocer la verdad cristiana católica en un sincero diálogo). Ésta debe ser creíble, se debe vivir en alegría y consciente del don hallado y celoso poseedor del tesoro que estaba escondido a los ojos, que no es más que Cristo mismo. La falta de credibilidad, pues no se suscribe a una no existencia del don del amor, sino más bien se suscribe a las expresiones concretas que debemos asumir entre los hombres[3].

En la misma línea, Romero (2004) nos presentará dos elementos problemáticos y desafiantes como lo es la labor de “predicación y de profecía”[4]. En cuanto a la predicación se denota una incapacidad de transmitir adecuadamente los contenidos. Ante esta afirmación, el autor antes citado nos dirá que prácticamente la Iglesia se ha ido quedando muda, al carecer de una habilidad comunicativa[5]. En lo que respecta a la profecía, aunque la iglesia nunca ha ido dejando de lado la labor de interpretación de los signos de los tiempos, en ocasiones es lenta en sus reacciones, de anunciar y denunciar lo que en el mundo hay de mal, un ejemplo claro y triste son los casos de pederastia que pululan hoy en la Iglesia. ¡Y qué tarde se ha reaccionado! La importancia del ser coherente y del ser anunciantes de la Palabra de Dios permite acercar el mensaje cristiano dador de sentido y prepara para la misión evangelizadora, antes de predicarla.

No todo cabe en la tarea misionera práctica - moral, sino también en la celebración, en la liturgia. Los modos de celebrar el culto a Dios es uno de los elementos que más polémica suscita, pues no todos están capacitados para reconocer en el catolicismo, por ejemplo, el sentido sacro que en ellas se contiene. No obstante, no es un problema “per se” ya que todos los seres humanos echamos mano al sentido categorial del culto, el rito. Algunos cantan alabanzas, otros oran, otros leen la Palabra de Dios, otros celebran misa, pero todos cumplen de algún modo el sentido de Iglesia, entendida como Asamblea de los fieles que se comunican con el mismo Dios. Lamentablemente se puede caer en el problema del rito vacío, de meras repeticiones litúrgicas y de lecturas vanas si no se pone la mirada en Dios. Cuando pasa esto, el culto no toca el corazón del hombre poniéndose así en duda la credibilidad en Dios: puede ser cuestionado, como a sí mismo el propio profesor.

Hablamos en una primera instancia del punto de partida de la fe católica que es desafiada por la multiculturalidad y una multirreligiosidad, por ende esta fe debe ganar credibilidad en la praxis y en el discurso. Ahora veremos que el diálogo ecuménico e interreligioso merece también ser analizado -muy sucintamente, claro- desde un enfoque que toda la polis pueda entender o racionalizar, por lo menos, en su más mínima expresión: el pluralismo en la sociedad.

Este pluralismo está inscrito en el espíritu humanista liberal y con dignidad ante la ley de pensar y decidir en autonomía y libertad. En su artículo, Adela Cortina (2005) nos habla de un pluralismo político y un pluralismo moral[6] y que “una sociedad moralmente pluralista sería aquélla en la que conviven distintas «éticas de máximos», distintas propuestas de vida feliz, y pueden hacerlo precisamente porque comparten unos valores y principios de justicia, unos mínimos de justicia (una «ética mínima»), por debajo de los cuales entienden que no se puede descender sin caer bajo mínimos de humanidad. […] la «fórmula mágica del pluralismo moral» consistiría en «compartir unos mínimos de justicia y respetar activamente unos máximos de felicidad y de sentido», fórmula que en manos de Javier Gafo se convirtió en esta otra: «compartir unos mínimos de justicia y respetar activamente y promover unos máximos de felicidad y de sentido»[7].

Entonces tenemos que esta noción de pluralismo moral y político se condice plenamente con el respeto y valoración de otras formas de entender la realidad y a Dios mismo. De hecho, la ley Nº 19.638 del año 1999, conocida como de “Igualdad de Cultos”[8], reafirma el respeto a los principios de igualdad ante la Ley y de libertad de conciencia, ya contemplados en nuestra Constitución para todos los habitantes de nuestro país. Ante esto, los establecimientos educacionales, deben respetar dichos principios, así como el derecho de los padres a educar según las creencias de cada familia con pleno respeto a la diversidad. Según esta ley, a través de la asignatura de religión los alumnos tendrán la oportunidad de pensar, discutir y compartir junto a sus compañeros y familias temas de implicancia valórica de acuerdo con su edad y etapa de desarrollo. Cabe recordar que la ley contempla que los padres tienen el derecho de eximir a sus hijos de las clases de religión u optar por una en particular.

La necesidad de una construcción social pluralista y con libertad de culto permite que en la escuela se pueda pasar de la simple coexistencia religiosa a la convivencia, al ágape, e incluso a la construcción conjunta de la vida común, que es el fin último del diálogo ecuménico e interreligioso, que exige respeto activo recíproco, y no sólo una tolerancia pasiva, que contiene en sí una cierta carga semántica negativa (es como respetar al otro por obligación).

En el camino de la unidad cristiana, la doctrina tiene una importancia fundamental. Dios quiere la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. Hemos de ser Iglesia, Cuerpo de Cristo que es “Camino, Verdad y Vida”[9]. Sin embargo, Jesús invita a aceptar sus palabras y valores dentro de la propia cultura[10]. Como vemos, puede y debe darse la inculturación. Hay aquí una referencia al llamado ecumenismo doctrinal.

El profesor Gonzalo Ulloa (2008) hará la pregunta: “¿Qué condiciones deben darse para que haya realmente diálogo? para situarnos en el sentido etimológico del vocablo “diálogo” que vendría a significar, a final de cuentas, a través de la palabra”, o si se quiere, “a través de la razón”, es decir, que los que “dialogan” son personas. Es importante subrayar que todo diálogo interreligioso se da entre personas, aunque con frecuencia, por razones académicas debamos utilizar categorías abstractas, por ejemplo: «los judíos», «los musulmanes», «los budistas», etc[11]. Por eso el lenguaje, la prédica, el discurso es importante, porque a través de la palabra se puede dialogar. Siempre con un espíritu de unidad en la diversidad.


DISCUSIÓN.


En la praxis, llevar a cabo una clase cristiana ecuménica se vislumbra como posible y no solo eso, sino que como una herramienta eficaz que permitiría aunar concepciones alternativas de un mismo tema que tal vez han estado mal entendidos. Por ejemplo, Aida Cabrié (2007) en su artículo “estudio de itinerarios…” nos presenta una metodología ejemplar para tratar el tema ecuménico en las aulas[12], basadas en las Sagradas Escrituras, fundamento de toda la fe cristiana y que es venerada tanto por católicos y los hermanos separados.

Los conocimientos previos de esta temática estarán basados en la lectura de los textos sagrados o bien de las experiencias bíblicas televisivas, radiales, teatrales, etc., que permiten crear en los alumnos una idea de lo que hay de bueno en aquellos que obran la voluntad de Dios.

Se puede promover un ambiente de respeto y convivencia hablando de temas que aúnan el sentimiento de amor que nace de la experiencia de ser hijos de Dios y salvados por la muerte y resurrección de Jesús. Una estrategia que permitirá avances en lo ecuménico serán las oraciones dirigidas a Jesucristo, fuente de toda Verdad y que nos comunica la gracia de Dios y el verdadero rostro de su Padre.

En un ámbito interreligioso, hay que tener cuidado de no caer en proselitismos si de verdad se quiere respetar la diversidad de las creencias. Por ejemplo, la pretensión de absolutez cristiana se basa en que el Absoluto se categorizó en la Historia de la Humanidad y nos reveló el plan de salvación concretado en la muerte al pecado en la Cruz de Cristo. Ahora bien, si Cristo es el mediador entre Dios y los hombres, siguiendo la lógica de absolutez, no tendría mucho sentido un diálogo interreligioso. A menos que se le reconozcan a las otras religiones la calidad de ser representativa de las semillas del Verbo.

Así pues, la educación religiosa en un aula debe respetar la creencia de todos los discentes, si es posible acomodar las planificaciones a la realidad del aula, colaborando en la misión de la Iglesia de cumplir la oración de Cristo: “que todos sean uno”[13] para que así desde la educación formal exista una tendencia social de aproximación y cooperación entre creyentes[14].


[1] Cfr. Mt 13,44

[2] Cfr. Juan XXIII (1965); “Nostra Aetate: Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”; Nº2, Roma.

[3] Cfr. Romero, Mario (2004); “Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral”; Teología y Vida, Vol. XLV, p.360; Santiago - Chile

[4] Ibíd.

[5] Cfr. Ibíd.

[6] Cfr. Cortina, Adela (2005); “El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural”; Revista Veritas Nº13 P.90; Valparaíso, Chile.

[7] Ibíd. P. 90-91

[8] Se puede ver la Ley en la página web del Ministerio de Educación de Chile, siguiendo éste link http://600.mineduc.cl/docs/resguardo/religion_ord2029.pdf

[9] Jn 14,6

[10] Cfr. Juan Pablo II (1995); “Ut Unum Sint” Nº19

[11] Ulloa, Gonzalo (2008); “El diálogo interreligioso: pasado, presente y futuro”; Revista Veritas Nº19, VOL II; Pontificio Seminario Mayor San Rafael, Valparaíso-Chile.

[12] Cabrié, Aida (2007); “Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso”.

[13] Jn. 17, 20-21

[14] Ranquetat Jr., César (2007) Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. Revista Eletrônica de Ciências Sociais; Juiz de Fora, ano I, ed. 1, fev.; P.175.


BIBLIOGRAFÍA.

1. Cabrié, Aida (2007); “Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso”; Revista Veritas Nº 16, VOL II, P. 129-146. Valparaíso, Chile.

2. Cortina, Adela (2005); “El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural”; Revista Veritas Nº13, P. 89-102; Valparaíso, Chile.

3. Juan XXIII (1965) “Nostra Aetate: Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”; Roma.

4. Romero, Mario (2004); “Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral”; Teología y Vida, Vol. XLV, p.353-365; Santiago - Chile

5. Juan Pablo II (1995); “Ut Unum Sint” Nº19

6. Ulloa, Gonzalo (2008); “El diálogo interreligioso: pasado, presente y futuro”; Revista Veritas Nº19, VOL III, p. 371-382; Pontificio Seminario Mayor San Rafael, Valparaíso-Chile.

7. Ranquetat Jr., César (2007) Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. Revista Eletrônica de Ciências Sociais; Juiz de Fora, ano I, ed. 1, fev.; P.163-180; Sao Paulo, Brasil.

8. Varios Autores (1998); Biblia de Jerusalen; Ed. Desclee de Brower; Madrid, España.

Webliografía.

1. Ministerio de Educación de Chile http://600.mineduc.cl/docs/resguardo/religion_ord2029.pdf

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