sábado 18 de diciembre de 2010

EL SENTIDO RELIGIOSO

1. Dios: un problema del hombre.

A la hora de empezar a estudiar lo que dice la Revelación cristiana a propósito de Dios – en esto, como hemos visto, consiste la teología – es sumamente importante que tomemos en consideración lo que, a propósito de Dios, piensa y dice el propio hombre, antes o independientemente del cristianismo.

• No es el cristianismo, en efecto, el que inventa e introduce en el mundo la idea de Dios, o del Misterio. Tampoco lo son las otras religiones, o la religión en general. Toda religión surge, más bien, como respuesta a un problema que es anterior a ella, un problema que el hombre se plantea por sí mismo al reflexionar sobre sí y sobre la realidad que lo rodea.

• Por consiguiente, es muy superficial la teoría según la cual la religiosidad del hombre sería típica y exclusiva de la etapa primitiva de la humanidad, o de la edad infantil del individuo; y según la cual nos encontraríamos entonces ante un fenómeno «pre-racional», o, directamente, «irracional».

• Ciertamente, en la etapa primitiva de la humanidad y en la edad infantil del individuo, la idea de Dios surge y se formula de manera ingenua, hasta mágica. Pero es, justamente, porque en ese momento la razón no se ha desarrollado todavía. Al crecer el hombre, y al enfrentarse con el misterio del mundo y de su propia existencia, es precisamente ella, la razón, la que plantea la hipótesis de Algo o Alguien que guarde en sí la explicación exhaustiva de ese misterio.

Esto significa dos cosas. Primero que existe en el ser humano una tendencia y un impulso constante a plantear por sí mismo, desde sí mismo, desde su condición existencial, el problema de Dios, o de aquello que entendemos con la palabra «Dios».

En segundo lugar, que esa tendencia y ese impulso –al que llamamos «sentido religioso»– es un asunto de la razón. Una razón, por supuesto, que se haya adecuadamente desarrollada. No es difícil, en efecto, observar que el sentido religioso decae o se corrompe precisamente cuando la razón es débil, o cuando no se la usa correctamente.

2. Preguntas y exigencias «últimas».

Pero ¿qué entiende el hombre cuando, reflexionando sobre la realidad, dice: «Dios», o «Alguien», o «Algo»?, ¿Qué es lo que está buscando, o qué es lo que lo mueve a creer, o a plantear la hipótesis, aunque sea, de un Dios?

En primer lugar, si observamos la experiencia de los hombres, y nuestra propia experiencia personal, caemos en la cuenta de que siempre y en todo caso lo que estamos buscando es «la verdad», es decir, el significado de nuestro existir y de todas las cosas, el por qué y el para qué de todo.

Y no un significado cualquiera, o parcial, sino el significado último, esto es, fundamental, exhaustivo, aquel en base al cual pueda uno comprender y afrontar la realidad y la vida en todos sus aspectos e implicaciones.

• Esta búsqueda del significado último de la vida y de la entera realidad, surge en nosotros y se expresa a través de ciertas preguntas que todo hombre, si es hombre, conoce muy bien, como por ejemplo: ¿Qué es la vida?... ¿Qué es el mundo?... ¿Quién soy yo?... ¿Quién eres tú?... ¿Por qué suceden cosas como el dolor, o el mal, o la muerte?... ¿Qué sentido tiene todo esto?... ¿Y por qué, a pesar de todo esto, uno se apasiona y lucha y vive?.

• Es decir: en todas y cada una de estas preguntas es la búsqueda del significado (o de la verdad) la que actúa, la que mueve y provoca y exalta nuestra mente, nuestro corazón, nuestra libertad.

• Y más un hombre es hombre, más se vuelve incansable en planteárselas. La vida, en efecto, nos resulta vacía, y se convierte en algo desesperante, no cuando se nos presenta con problemas, o dificultades, o sufrimientos, sino cuando –a todos y cada uno de esos problemas, dificultades y sufrimientos– no le encontramos sentido.

Al mismo tiempo, siempre si observamos la experiencia del los hombres en general y nuestra propia experiencia personal, no es difícil darse cuenta de que el problema de siempre y de todos es también el de la felicidad. Cuando un hombre piensa o dice: «Dios», o «Misterio», o «Destino», es la felicidad lo que está buscando.

Donde por felicidad se entiende la satisfacción total (si no es total no es satisfacción) de ciertas «exigencias» que anidan en el corazón de todo ser humano, sean las que sean las circunstancias en las que uno nace: raza, cultura, geografía, momento histórico, etc.

¿Cuáles son?... La primera ya la hemos visto: la exigencia de la verdad, es decir, de encontrar el significado, la explicación, el sentido de la vida y de todas las cosas. A renglón seguido vienen: la exigencia del amor, la exigencia de la justicia, la exigencia de la belleza; y también la necesidad que tenemos de que sean franqueados todos los obstáculos, es decir, la exigencia de una redención.

• Característica esencial de estas exigencias es que también son últimas, al igual que las preguntas de las que hablamos más arriba: no, obviamente, en el sentido de que vengan al final, o después de otras, sino en el sentido de que son radicales, son el fundamento de todas las otras.

• Podemos llamarlas también «ideales», o «valores» (concepto, éste último, muy en boga hoy en día, tanto entre los creyentes como entre los laicos). Incluso las podemos identificar con los famosos y tan importantes «derechos humanos» reclamados, al menos teóricamente, por todo el mundo. Pero el término «exigencias» es muy importante, tiene una importancia decisiva, porque expresa la vinculación de esos ideales y valores y derechos con la raíz misma de nuestro yo.

• Los «ideales», por tanto, y los «valores», y los «derechos humanos», son exigencias radicales de nuestro ser, cosas que nuestro ser necesita y exige de modo inexorable. Lo cual significa, como consecuencia lógica, que no están disponibles para ninguna de las tergiversaciones subjetivas e ideológicas tan frecuentes hoy en día.

• Una de las cuales es cuando se los somete al arbitrio de los poderosos, quienes seleccionan e imponen el ideal, o el valor, o el derecho que más les conviene. Otra tergiversación es cuando se reducen valores e ideales a «sueños» - “¡sería lindo, pero no es posible!...” – o a «géneros», es decir, a aspectos y características secundarias, accidentales del ser humano, intercambiables, por tanto, según le plazca y guste a cada cual.

3. Naturaleza del sentido religioso.

Pues bien: aquello que llamamos «sentido religioso» se ubica, justamente, en el nivel de las preguntas y exigencias últimas. Coincide con ellas. Y desde ahí se extiende a todas las otras, penetra e invade a todas las otras. Oculto pero determinante, late y actúa en cada una de ellas.

Es como una chispa que salta en el impacto entre el «yo» y sus preguntas y exigencias últimas; una energía que se libera desde el preciso instante en que una persona, al tomar conciencia de esas preguntas y exigencias, se compromete con ellas.

Así, cuando un hombre está buscando, de una u otra manera, el significado de la vida y de todas las cosas, o cuando está tratando satisfacer su hambre de verdad, de amor, de justicia, de belleza, de felicidad, es el sentido religioso el que se ha activado y que actúa en él.

• Claro que si una persona se deja estar, o se deja llevar por la corriente, si una persona no está comprometida con su vida y no la toma en serio, es difícil que esa chispa prenda y esa energía se libere.

• Nótese, sin embargo, que esas preguntas y exigencias permanecen. De hecho, nadie se las puede sacar de encima. Son tan radicadas en la mente y el corazón, tan propias del ser humano como tal, que si uno intenta borrarlas no puede: como brasas bajo las cenizas, siguen ahí, ardiendo en sí mismas, o estallando en cualquier momento y disparando en cualquier dirección.

Todo esto nos permite identificar la naturaleza del sentido religioso, es decir, sus características esenciales y constitutivas.

La primera es su pretensión de totalidad. Es el sentido religioso, en efecto, el que nos convierte a todos en seres insaciables. Porque nadie puede conformarse durante mucho tiempo con respuestas «parciales» a sus preguntas y exigencias últimas, o con una verdad, un amor, una justicia, una belleza, una felicidad «a medias». El sentido religioso es hambre y sed de infinito, es nuestro propio «yo» cuando éste se descubre hambriento y sediento de infinito.

• Por eso lo llamamos «religioso». Y por eso la actitud religiosa está presente en el ateo convencido como el creyente. No existe persona – atea, agnóstica o nihilista – que pueda liberarse del anhelo de infinito, de tal manera que cualquier cosa uno haga para saciarla, es una religiosidad la que expresa, es un «dios» al que está afirmando, amando, sirviendo.

• Nótese que no hace absolutamente falta que el «dios» sea teorizado o definido en un sistema de pensamiento. Se lo puede encontrar incluso en la más banal práctica de vida. Puede ser la diversión, el dinero, la carrera, el trabajo, el poder, la política, la ciencia... Siempre y en todo caso es algo hacia el cual dirige el hombre una total devoción.

La segunda característica fundamental del sentido religioso es su vinculación con la razón: de ninguna manera se lo puede reducir a brote romántico sentimental o a producto del inconsciente. La pregunta por el significado último de la realidad y de la vida, o las exigencias de amor, de justicia, de belleza, de felicidad, son cosas del hombre mentalmente sano, son cosas de la razón en su mayor lucidez.

• Por lo cual, tenemos que reconocer como no hay nada tan racional como el sentido religioso, ya que siempre y en todo caso la razón está implicada. Y nada es tan razonable como el sentido religioso cuando éste vislumbra al Misterio: allí, el sentido religioso se identifica con la razón misma, es la razón en su vértice, el punto más alto (o profundo) al que la razón logra llegar.

4. Dinámica del sentido religioso

Pero las preguntas de la mente y las exigencias del corazón – es decir, el sentido religioso – no se despiertan ni entran en acción solas, o en forma espontánea. Como todas nuestras capacidades y energías psíquicas, también el sentido religioso, para ponerse en marcha, necesita un impulso, es decir, una provocación, un llamado.

Pues bien: Este llamado y esta provocación nos llega de la realidad, del impacto y el encuentro de nuestro yo con la realidad.

1. El estupor ante la «presencia» de las cosas.

Supongamos que al momento de nacer hubiésemos tenido ya la conciencia que tenemos ahora: ¿cuál habría sido la primera reacción, la primera impresión, el primer sentimiento que nos hubiera embargado por completo?... Si yo abriera de par en par los ojos por primera vez en este instante, con el desarrollo y la inteligencia que tengo ahora, me vería invadido por el estupor, o asombro, que provocarían en mí las cosas por el simple hecho de que existen, de que «están ahí».

Es decir: me invadiría por entero un sobresalto de admiración por esa presencia que expresamos en el vocabulario corriente con la palabra «cosa». Lo que es una versión concreta, y, si se quiere, banal, de la palabra «ser», pero no como entidad abstracta, sino como algo presente, algo real, algo que existe antes que yo, independientemente de mí. Es decir: una presencia que se me impone y que me atrae.

• No tiene ningún fundamento científico la teoría según la cual la religión, en la historia de la humanidad, ha nacido del miedo. No es el miedo el primer sentimiento que experimenta el hombre cuando toma conciencia de las cosas, o de la realidad.

• El primer sentimiento es el atractivo, la fascinación. El miedo aparece en un segundo momento, cuando el hombre percibe el peligro de «perder» esa realidad que lo atrae tan poderosamente, de no poder disfrutar de ella, máxime cuando ciertos fenómenos, por ejemplo, de la naturaleza amenazan su vida.


2. La percepción de la realidad como «don».

En mí, hombre, si soy sensible y atento, el estupor ante la realidad, ante el espectáculo imponente del mundo y de la vida, va acompañado por el descubrimiento de que las cosas del mundo y de la vida por un lado no son mías, pero, por el otro, son para mí... Y empiezo a concebir, a mirar la realidad no como algo frío y hostil, sino como don.

• Descubro que no son mías porque no las hice yo, porque no soy el autor o creador de ellas. Pero siento también que son para mí, que están hechas para mí, porque corresponden a mi ser. Por eso me atraen. Y por eso que, cuanto más sensible e inteligente es uno, tanto más se ve invadido, ante la belleza misteriosa de las cosas y de las personas, por una admiración y una nostalgia sin límite.

Es entonces cuando vislumbra el hombre, tras la figura de cada cosa, la presencia del Misterio. Alguien más grande que uno, Alguien que no se ve, directamente – por eso decimos Misterio–. Alguien, sin embargo, del que todo depende y en el cual encuentran las cosas su consistencia.

Y es entonces cuando uno comprende que la realidad es un hecho real, objetivo, no un sueño, ni un producto de su imaginación. Todas las cosas, de las más grandes e imponentes hasta las más pequeñas y frágiles, existen y consisten gracias al Misterio que las haces.

• También se comprende (o deberíamos comprender) que no somos «dueños» de la realidad, que no podemos hacer, con ella, cualquier cosa. Y que sólo podemos disfrutar de ella si reconocemos y respetamos su «alteridad», es decir, su origen y su destino.

3. El descubrimiento de la realidad como «cosmos».

En el encuentro con la realidad, el yo también cae en la cuenta de que dentro de ella hay un orden, que la realidad es «cósmica», es decir, ordenada («cosmos», en griego, significa, justamente, «orden»). Entonces se pregunta: ¿A qué – mejor, a Quién – se debe todo esto?

Ante el espectáculo de una realidad tan inmensa y al mismo tiempo tan coherente, tan cohesionada, regulada como es por leyes que los científicos no terminan nunca de descubrir e investigar; por leyes que, ante fenómenos nuevos e imprevisto que parecen contradecirlas, no sólo no caducan, sino se aclaran e integran en el orden universal; ante semejante «cosmos», es muy difícil, para la razón, conformarse con la idea de que todo esto dependa del «Caso», o de un anónimo y abstracto «Espíritu Absoluto».

• Kant, el gran filósofo de la modernidad, confesó que el momento en que sentía suscitarse en él una objeción total a su teoría según la cual el hombre no puede, a partir de la realidad, remontarse a un Creador, era cuando salía de casa y, al levantar la cabeza, contemplaba el cielo estrellado. (Kant, Inmanuel; Crítica de la razón práctica, Ed. Sígueme, Salamanca 1995, pág. 197).

4. El descubrimiento de una realidad «providencial».

En el impacto con la realidad, el sujeto encuentra mucho más razonable la afirmación de las religiones incluso más antiguas, y especialmente de la Biblia, según las cuales hay un Designio, o una Providencia, que misteriosamente lo preside todo: el movimiento fijo de los astros como el movimiento libre de hombres y pueblos.

• Un día, en la ciudad de Listra (Asia Menor), Pablo y su compañero Bernabé habían despertado una tal admiración en sus oyentes paganos, que éstos habían sacado turíbulos e incienso para venerarlos como dioses. Entonces Pablo dijo: “Amigos, ¿por qué hacen esto? Nosotros somos hombres como ustedes, y les predicamos que abandonen esas cosas vanas y vuelvan al Dios vivo: Aquel que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; Aquel que en las generaciones pasadas permitió que los pueblos siguieran sus propios caminos, pero sin dejar de derramar sus bienes, enviándoles desde el cielo lluvias y estaciones, y llenando sus corazones de sustento y alegría” (Hechos 14, 15-17).

• Y el mayor científico del siglo XX, Albert Einstein, debió estar muy cerca de este modo de ver las cosas, si llegó a escribir: “La emoción más bella y profunda que podemos percibir es el sentimiento del misterio; ahí está el germen de todo arte y de toda ciencia verdadera. Quien cree que su vida, y la de sus semejantes, está priva de significado, no sólo es infeliz, sino que apenas es capaz de vivir. La preocupación por el hombre y su destino debe constituir siempre el interés principal de todos los esfuerzos técnicos; no lo olvidéis nunca, en medio de vuestros diagramas y ecuaciones” (Einstein, Albert; Mi visión del mundo, Tusquets, Barcelona, 1986).

5. La dependencia radical del yo.

En este momento, si estoy atento, es decir, si soy una persona madura, yo no puedo negar que la cosa más evidente de la vida es que yo no me hago a mí mismo, que incluso en este preciso instante yo no me estoy haciendo a mí mismo.

No me doy yo el ser, o la vida, no me doy yo la realidad que yo soy. Lo que soy me es dado, yo mismo soy algo «dado». Más adulto, o maduro, soy, más caigo en la cuenta de que dependo, radicalmente, del Misterio, es decir, de Otro, más grande que yo y superior a todo, raíz y fuente de todo.

• Al hacerme adulto, yo veo cada vez más claramente que mi existencia y personalidad no dependen, única y exclusivamente, de mis antecedentes biológicos y sociales. Éstos, evidentemente, tienen muchísimo que ver con lo que yo soy. Mi familia, el ambiente y la cultura en que he nacido, han influido e influyen profundamente sobre mí.

• Sin embargo, no es menos evidente que todo eso no es suficiente para explicarme a mí. Yo soy más que la suma de mis antecedentes biológicos y sociales. Al igual que todos y cada uno de los restantes seis mil millones de seres humanos del planeta, yo soy único, inédito, no repito a nadie y nadie me repite a mí.

Ahora bien: ¿A qué se debe, esta clamorosa e incansable anomalía de la naturaleza, si no es a Alguien que sea el Autor y Regidor de todo?... Es decir: esa «cosa» única, excepcional, que yo soy me obliga, obliga mi razón a plantearse seriamente la «hipótesis», aunque sea, de Dios.

• Por supuesto, una hipótesis no es una certeza todavía. Pero esto de ninguna manera me autoriza a abandonarla. Más bien, me exige e impulsa a que la asuma y averigüe atentamente.

• Negar o eliminar la hipótesis de Dios, es ir en contra de la razón, obligarla a renegar de sí misma y a callar su exigencia de explicación total del hombre y el mundo.

• También, es ir en contra del corazón, obligarlo a callar sus inmensas exigencias de verdad, de amor, de justicia, de belleza, de felicidad. Y yo tendré que conformarme con verdades, amores, justicias, bellezas, felicidades parciales, o «lights», como quien dice. Es decir, tendré que obligar mi corazón a vivir en una insatisfacción y una frustración permanente.

• Finalmente, negar o eliminar la hipótesis de Dios como fuente última de lo humano, es ir en contra de la libertad, renunciar a ser personas libres. Si no reconozco mi dependencia de Dios, y si reniego de ella, o si no la quiero vivir, estoy abriendo de par en par mi vida al arbitrio de quien tiene el poder; estoy ofreciéndome desarmado a la violencia del poderoso o los poderosos de turno: la sociedad, el Estado, los medios, las ideologías, etc.

6. Una ley en el corazón.

Por último, siempre si observamos atentamente la experiencia de los hombres y nuestra experiencia personal, descubrimos que existe en nosotros una voz que, en concomitancia con cada una de nuestras acciones, dice: «bien», o dice: «mal».

• Es decir: la experiencia del yo lleva consigo la percepción del bien y del mal. Es lo que la Biblia define como “la ley escrita en los corazones” (Romanos 2, 15), y que comúnmente llamamos hoy moral (o ética) natural.

Ahora bien: ¿Quién ha grabado esa ley en el corazón del hombre? ¿De dónde viene, de Quién es esa voz que dice: «bien» o «mal», «justo» o «injusto»?... De Aquel – dice la razón – que es la fuente de nuestro ser. No somos nosotros los que nos damos, o los que escribimos, la ley moral: la recibimos al recibir el ser, al recibir la vida.

• Una vez más – y justo allí donde el yo se percibe a sí mismo de la manera más íntima y decisiva – la presencia del Misterio se impone. Aquel que es la fuente de donde brota muestro ser, es el mismo que introduce en nosotros la vibración de esa voz que aboga por el bien y remuerde por el mal.

Por eso, la ley moral es «sagrada» y «natural» a la vez: sagrada porque viene de lo Alto; natural porque radica en nuestro ser, es parte constitutiva de nuestro yo.

Entonces comprendemos que el drama del mundo es cuando los hombres no atendemos la ley moral, cuando decidimos cambiar las reglas del juego, o de la vida.

• Lo cual sucede, antes que nada, porque la conciencia nuestra, ahí donde esa voz resuena, se encuentra muy a menudo como oscurecida, o invadida por otras «voces» que desde el medio en que vivimos se sobreponen a ella y la hacen callar.

• También sucede cuando quien detiene el poder impone su propia ley. Normalmente, esto se da por manos de un tirano, o un dictador. Pero suele suceder también en los regímenes democráticos, todas las veces que una mayoría convierte en ley su propia e interesada interpretación de las normas morales, o del derecho natural.

5. La realidad, «signo» del Misterio.

Al término de este recorrido, a lo largo del cual hemos visto la naturaleza y la dinámica del sentido religioso – es decir, en qué consiste, y cómo se despierta y actúa en nosotros –, debemos apuntar una conclusión muy importante: el sentido religioso provoca en nosotros un nuevo modo de mirar la realidad, un nuevo método para el conocimiento de las cosas. Concretamente, nos induce a considerar la realidad como «signo».

¿Qué es un signo? Una cosa que se ve y se toca y que, al verla y tocarla, me mueve hacia otra cosa, me remite a otra cosa distinta que no veo ni toco y que entraña, sin embargo, la explicación de lo que veo y toco. El signo es una realidad cuyo sentido es otra realidad.

Así, al abrir los ojos, yo me encuentro delante cosas y personas que provocan en mí una «apertura». El modo como la realidad se me presenta es una solicitación a abrir mi mente en busca de otra realidad que la explique adecuadamente.

• La mirada que lanzo a la realidad no produce en mí el resultado que se produce en una película fotográfica. No sólo me «impresiona»: me impresiona y me mueve.

• Lo real me solicita a buscar otra cosa que está más allá de lo que aparece inmediatamente. La realidad aferra mi conciencia de tal manera que ésta presiente y percibe algo distinto.

• Ante el mar, la tierra, el cielo y todas las cosas, yo no me quedo impasible, sino que me siento animado, movido, conmovido por lo que veo. Y esto me pone en marcha para buscar otra cosa que es diferente de lo que veo.

Es así como llega el hombre a entender que la realidad remite al Misterio, es signo del Misterio: es la propia realidad la que nos llama a buscar en Otro su significado último.

• Nótese que esto del signo es también el modo normal en que se producen las relaciones entre nosotros los hombres: las maneras en que busco decirte mi verdad y comunicarte mi amor, son signos.

• Si un marciano, de visita a la tierra, viera a una madre dar un beso a su hijo, se preguntaría el significado de ese gesto. Y ya estaría en marcha hacia la comprensión de que existe una realidad que antes él desconocía: la realidad del amor.

jueves 27 de mayo de 2010

Un pequeño acercamiento a cómo entendemos las clases de religión con una impronta ecuménica. Desafíos y concepciones previas.

-Trabajo presentado para la asignatura Taller de Aprendizajes en Contextos Escolares de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.-

INTRODUCCIÓN

Hoy en día vivimos en una sociedad que avanza a pasos agigantados en el progreso de las ciencias y la tecnología. La fragmentación del conocimiento que evidenciamos desde la modernidad nos lleva a entender el mundo y al hombre como entes totalmente separados y cada uno de ellos con inimaginables métodos de estudio y de aproximamiento al conocimiento de sí, que pretenden entender a cabalidad su verdadera esencia. Por otro lado, la sociedad, entendida hoy como aldea global, nos presenta a los profesores -sobre todo al de religión- un gran desafío: la formación integral de personas. Justamente este desafío de la educación se sitúa en una sociedad multiétnica y pluricultural que trata de conjugar todos estos aspectos relacionados con la técnica, como a su vez trata de darle sentido a la existencia, en una misión espiritual, si se quiere. Tarea difícil, pues las ciencias no pretenden ni reconocen la necesidad de suplir el rol del sentido, sino que al contrario, busca por todos sus medios suplir necesidades inmediatas e intrascendentes, es decir, meramente somáticas. También somos testigos de cómo los anti-valores se han posicionado en la psiquis del colectivo apelando a elementos irracionales de existencia y del sin sentido, en donde todo es vano y relativo, en algunos casos exigiendo derechos que se mal entienden. La felicidad se vuelve así en un premio, un tesoro que se oculta en la soledad de la existencia humana y que revive en ciertos momentos de la vida: cumpleaños, relaciones afectivas, entretenciones varias, el compartir… pero siempre con esa característica que la hace tan peculiar y que la convierte en un verdadero tesoro: se esconde casi inmediatamente luego de ser encontrada[1].

La educación religiosa tiene justamente la misión de dar respuesta a esa necesidad ulterior del ser humano y del joven estudiante: dar sentido a la vida con la praxis de los valores morales cristianos para así alcanzar la felicidad plena, en Cristo Jesús. Dichosa misión la de los profesores de religión que tienen el deber de anunciar la Buena Noticia de Jesucristo para la Humanidad; a pesar de ello, se me vienen a la mente unas cuantas y meritorias preguntas y que a mi juicio son fundamentales para entender el problema de la anunciación del Evangelio y que trataremos de responder: ¿de qué cristianismo hablamos? ¿Acaso no hay muchas iglesias? ¿Cuál de todas ellas tiene la verdad del mensaje cristiano? ¿Puede el profesor de religión católica o evangélica enseñar su disciplina a todos los alumnos aunque no profesen la misma fe? ¿No es esto proselitismo?

Así pues, si la clase de religión tiene esa pretensión de sentido absoluto -Dios-, es necesario entonces revisar cómo es posible enseñar el mensaje de Jesucristo para que sea entendido por personas que profesan diferentes creencias religiosas. Claro, sólo entendiendo el mensaje absoluto de aquel que es el Absoluto, podremos darnos cuenta que en las diferentes denominaciones cristianas hay más elementos que unen que los que desunen, configurándose así en elementos básicos y fundamentales de la fe. A esto se le llama Ecumenismo, cuando se trata de un diálogo sincero y fraterno entre denominaciones cristianas buscando puntos en común; pero cuando hablamos de Diálogo Interreligioso, nos referiremos a un dialogo sincero y fraterno con denominaciones religiosas diferentes. Es decir, por ejemplo: hay ecumenismo cuando dialogan los católicos con los luteranos; cuando hay dialogo interreligioso es cuando dialogan los judíos con los cristianos.

Esta tarea, ardua, por lo demás, presenta una meta seductora: presentar la verdad de la vida espiritual y dadora de sentido, libre de los prejuicios y conceptos religiosos que antaño separaban a las personas, reemplazándolos por elementos positivos tales como el amor, la unidad, el entendimiento, el respeto, la tolerancia, la fraternidad, etc. Todo esto permitirá de algún modo particular mostrar el verdadero rostro de Dios, en sus diferentes manifestaciones en las religiones, entendiéndolas como las Semillas del Verbo[2].

A continuación veremos algunas temáticas de esta materia ecuménica e interreligiosa que pueden ser entorpecidas y que pueden coartar este aprendizaje debido a las ideas previas, alternativas y erróneas que los alumnos puedan tener al respecto y que pueden impedir la buena intención del diálogo ecuménico o interreligioso, y qué situaciones serían un obstáculo para lograr que los alumnos puedan dar pie a la promoción del respeto y a valorar otros tipos de creencias en un marco básico que permita un diálogo existencial con Aquel que ama al mundo hasta el extremo.

Finalmente, el siguiente apartado estará dedicado a la búsqueda de elementos concernientes al ámbito ecuménico e interreligioso, tomados de artículos de carácter científico que corresponden a las siguientes revistas:

· Scielo; Teología y Vida

o Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral. (Romero; 2004)

· Revista Veritas:

o El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural. (Cortina; 2005)

o Teología de las Religiones y Diálogo Interreligioso. (Escobar; 2006)

o Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso. (Cabrié; 2007)

o El diálogo Interreligioso: pasado, presente y futuro. (Ulloa; 2008)

· CSOnline - Revista Eletrônica de Ciências Sociais

o Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. (Ranquetat; 2007)


DESARROLLO


En una visión global podemos decir que la necesidad de una praxis coherente con el discurso cristiano católico es una base elemental para construir esta enseñanza en cuestión (dar a conocer la verdad cristiana católica en un sincero diálogo). Ésta debe ser creíble, se debe vivir en alegría y consciente del don hallado y celoso poseedor del tesoro que estaba escondido a los ojos, que no es más que Cristo mismo. La falta de credibilidad, pues no se suscribe a una no existencia del don del amor, sino más bien se suscribe a las expresiones concretas que debemos asumir entre los hombres[3].

En la misma línea, Romero (2004) nos presentará dos elementos problemáticos y desafiantes como lo es la labor de “predicación y de profecía”[4]. En cuanto a la predicación se denota una incapacidad de transmitir adecuadamente los contenidos. Ante esta afirmación, el autor antes citado nos dirá que prácticamente la Iglesia se ha ido quedando muda, al carecer de una habilidad comunicativa[5]. En lo que respecta a la profecía, aunque la iglesia nunca ha ido dejando de lado la labor de interpretación de los signos de los tiempos, en ocasiones es lenta en sus reacciones, de anunciar y denunciar lo que en el mundo hay de mal, un ejemplo claro y triste son los casos de pederastia que pululan hoy en la Iglesia. ¡Y qué tarde se ha reaccionado! La importancia del ser coherente y del ser anunciantes de la Palabra de Dios permite acercar el mensaje cristiano dador de sentido y prepara para la misión evangelizadora, antes de predicarla.

No todo cabe en la tarea misionera práctica - moral, sino también en la celebración, en la liturgia. Los modos de celebrar el culto a Dios es uno de los elementos que más polémica suscita, pues no todos están capacitados para reconocer en el catolicismo, por ejemplo, el sentido sacro que en ellas se contiene. No obstante, no es un problema “per se” ya que todos los seres humanos echamos mano al sentido categorial del culto, el rito. Algunos cantan alabanzas, otros oran, otros leen la Palabra de Dios, otros celebran misa, pero todos cumplen de algún modo el sentido de Iglesia, entendida como Asamblea de los fieles que se comunican con el mismo Dios. Lamentablemente se puede caer en el problema del rito vacío, de meras repeticiones litúrgicas y de lecturas vanas si no se pone la mirada en Dios. Cuando pasa esto, el culto no toca el corazón del hombre poniéndose así en duda la credibilidad en Dios: puede ser cuestionado, como a sí mismo el propio profesor.

Hablamos en una primera instancia del punto de partida de la fe católica que es desafiada por la multiculturalidad y una multirreligiosidad, por ende esta fe debe ganar credibilidad en la praxis y en el discurso. Ahora veremos que el diálogo ecuménico e interreligioso merece también ser analizado -muy sucintamente, claro- desde un enfoque que toda la polis pueda entender o racionalizar, por lo menos, en su más mínima expresión: el pluralismo en la sociedad.

Este pluralismo está inscrito en el espíritu humanista liberal y con dignidad ante la ley de pensar y decidir en autonomía y libertad. En su artículo, Adela Cortina (2005) nos habla de un pluralismo político y un pluralismo moral[6] y que “una sociedad moralmente pluralista sería aquélla en la que conviven distintas «éticas de máximos», distintas propuestas de vida feliz, y pueden hacerlo precisamente porque comparten unos valores y principios de justicia, unos mínimos de justicia (una «ética mínima»), por debajo de los cuales entienden que no se puede descender sin caer bajo mínimos de humanidad. […] la «fórmula mágica del pluralismo moral» consistiría en «compartir unos mínimos de justicia y respetar activamente unos máximos de felicidad y de sentido», fórmula que en manos de Javier Gafo se convirtió en esta otra: «compartir unos mínimos de justicia y respetar activamente y promover unos máximos de felicidad y de sentido»[7].

Entonces tenemos que esta noción de pluralismo moral y político se condice plenamente con el respeto y valoración de otras formas de entender la realidad y a Dios mismo. De hecho, la ley Nº 19.638 del año 1999, conocida como de “Igualdad de Cultos”[8], reafirma el respeto a los principios de igualdad ante la Ley y de libertad de conciencia, ya contemplados en nuestra Constitución para todos los habitantes de nuestro país. Ante esto, los establecimientos educacionales, deben respetar dichos principios, así como el derecho de los padres a educar según las creencias de cada familia con pleno respeto a la diversidad. Según esta ley, a través de la asignatura de religión los alumnos tendrán la oportunidad de pensar, discutir y compartir junto a sus compañeros y familias temas de implicancia valórica de acuerdo con su edad y etapa de desarrollo. Cabe recordar que la ley contempla que los padres tienen el derecho de eximir a sus hijos de las clases de religión u optar por una en particular.

La necesidad de una construcción social pluralista y con libertad de culto permite que en la escuela se pueda pasar de la simple coexistencia religiosa a la convivencia, al ágape, e incluso a la construcción conjunta de la vida común, que es el fin último del diálogo ecuménico e interreligioso, que exige respeto activo recíproco, y no sólo una tolerancia pasiva, que contiene en sí una cierta carga semántica negativa (es como respetar al otro por obligación).

En el camino de la unidad cristiana, la doctrina tiene una importancia fundamental. Dios quiere la adhesión común al contenido íntegro de la fe revelada. Hemos de ser Iglesia, Cuerpo de Cristo que es “Camino, Verdad y Vida”[9]. Sin embargo, Jesús invita a aceptar sus palabras y valores dentro de la propia cultura[10]. Como vemos, puede y debe darse la inculturación. Hay aquí una referencia al llamado ecumenismo doctrinal.

El profesor Gonzalo Ulloa (2008) hará la pregunta: “¿Qué condiciones deben darse para que haya realmente diálogo? para situarnos en el sentido etimológico del vocablo “diálogo” que vendría a significar, a final de cuentas, a través de la palabra”, o si se quiere, “a través de la razón”, es decir, que los que “dialogan” son personas. Es importante subrayar que todo diálogo interreligioso se da entre personas, aunque con frecuencia, por razones académicas debamos utilizar categorías abstractas, por ejemplo: «los judíos», «los musulmanes», «los budistas», etc[11]. Por eso el lenguaje, la prédica, el discurso es importante, porque a través de la palabra se puede dialogar. Siempre con un espíritu de unidad en la diversidad.


DISCUSIÓN.


En la praxis, llevar a cabo una clase cristiana ecuménica se vislumbra como posible y no solo eso, sino que como una herramienta eficaz que permitiría aunar concepciones alternativas de un mismo tema que tal vez han estado mal entendidos. Por ejemplo, Aida Cabrié (2007) en su artículo “estudio de itinerarios…” nos presenta una metodología ejemplar para tratar el tema ecuménico en las aulas[12], basadas en las Sagradas Escrituras, fundamento de toda la fe cristiana y que es venerada tanto por católicos y los hermanos separados.

Los conocimientos previos de esta temática estarán basados en la lectura de los textos sagrados o bien de las experiencias bíblicas televisivas, radiales, teatrales, etc., que permiten crear en los alumnos una idea de lo que hay de bueno en aquellos que obran la voluntad de Dios.

Se puede promover un ambiente de respeto y convivencia hablando de temas que aúnan el sentimiento de amor que nace de la experiencia de ser hijos de Dios y salvados por la muerte y resurrección de Jesús. Una estrategia que permitirá avances en lo ecuménico serán las oraciones dirigidas a Jesucristo, fuente de toda Verdad y que nos comunica la gracia de Dios y el verdadero rostro de su Padre.

En un ámbito interreligioso, hay que tener cuidado de no caer en proselitismos si de verdad se quiere respetar la diversidad de las creencias. Por ejemplo, la pretensión de absolutez cristiana se basa en que el Absoluto se categorizó en la Historia de la Humanidad y nos reveló el plan de salvación concretado en la muerte al pecado en la Cruz de Cristo. Ahora bien, si Cristo es el mediador entre Dios y los hombres, siguiendo la lógica de absolutez, no tendría mucho sentido un diálogo interreligioso. A menos que se le reconozcan a las otras religiones la calidad de ser representativa de las semillas del Verbo.

Así pues, la educación religiosa en un aula debe respetar la creencia de todos los discentes, si es posible acomodar las planificaciones a la realidad del aula, colaborando en la misión de la Iglesia de cumplir la oración de Cristo: “que todos sean uno”[13] para que así desde la educación formal exista una tendencia social de aproximación y cooperación entre creyentes[14].


[1] Cfr. Mt 13,44

[2] Cfr. Juan XXIII (1965); “Nostra Aetate: Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”; Nº2, Roma.

[3] Cfr. Romero, Mario (2004); “Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral”; Teología y Vida, Vol. XLV, p.360; Santiago - Chile

[4] Ibíd.

[5] Cfr. Ibíd.

[6] Cfr. Cortina, Adela (2005); “El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural”; Revista Veritas Nº13 P.90; Valparaíso, Chile.

[7] Ibíd. P. 90-91

[8] Se puede ver la Ley en la página web del Ministerio de Educación de Chile, siguiendo éste link http://600.mineduc.cl/docs/resguardo/religion_ord2029.pdf

[9] Jn 14,6

[10] Cfr. Juan Pablo II (1995); “Ut Unum Sint” Nº19

[11] Ulloa, Gonzalo (2008); “El diálogo interreligioso: pasado, presente y futuro”; Revista Veritas Nº19, VOL II; Pontificio Seminario Mayor San Rafael, Valparaíso-Chile.

[12] Cabrié, Aida (2007); “Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso”.

[13] Jn. 17, 20-21

[14] Ranquetat Jr., César (2007) Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. Revista Eletrônica de Ciências Sociais; Juiz de Fora, ano I, ed. 1, fev.; P.175.


BIBLIOGRAFÍA.

1. Cabrié, Aida (2007); “Estudios de Itinerarios Bíblicos con enfoque Ecuménico: El caso de establecimientos educacionales no confesionales de la provincia de Valparaíso”; Revista Veritas Nº 16, VOL II, P. 129-146. Valparaíso, Chile.

2. Cortina, Adela (2005); “El Futuro del Cristianismo en una Sociedad Plural”; Revista Veritas Nº13, P. 89-102; Valparaíso, Chile.

3. Juan XXIII (1965) “Nostra Aetate: Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”; Roma.

4. Romero, Mario (2004); “Credibilidad de la Iglesia y desafíos a la pastoral”; Teología y Vida, Vol. XLV, p.353-365; Santiago - Chile

5. Juan Pablo II (1995); “Ut Unum Sint” Nº19

6. Ulloa, Gonzalo (2008); “El diálogo interreligioso: pasado, presente y futuro”; Revista Veritas Nº19, VOL III, p. 371-382; Pontificio Seminario Mayor San Rafael, Valparaíso-Chile.

7. Ranquetat Jr., César (2007) Religião em sala de aula: o ensino religioso nas escolas públicas brasileiras. Revista Eletrônica de Ciências Sociais; Juiz de Fora, ano I, ed. 1, fev.; P.163-180; Sao Paulo, Brasil.

8. Varios Autores (1998); Biblia de Jerusalen; Ed. Desclee de Brower; Madrid, España.

Webliografía.

1. Ministerio de Educación de Chile http://600.mineduc.cl/docs/resguardo/religion_ord2029.pdf

miércoles 18 de noviembre de 2009

Diócesis alemana recupera tradición de San Nicolás y frena consumismo navideño



DENVER, 18 Nov. 09 (ACI).- En un esfuerzo por animar a la población a reemplazar la comercialización de la Navidad por una verdadera devoción en el tiempo de Adviento y Navidad, la comunidad católica de la Diócesis de Speyer en Alemania inició una campaña para celebrar a San Nicolás.

La Federación de Juventud Católica Alemana (BDKJ) de Speyer se ha asociado con otras organizaciones locales para difundir la devoción a San Nicolás de Mira, amigo y médico de los niños y de quienes tienen problemas. La campaña ha creado una "zona libre de Santa Claus", recuerda que la fiesta de San Nicolás se celebra cada 6 de diciembre y sostiene que este santo representa la generosidad, la caridad y el servicio desinteresado.

San Nicolás fue obispo de Myra, (ahora Demre) en Turquía, y es conocido por su generosidad y su amor a los niños. Una de las historias más famosas sobre el santo es que regaló tirando por una ventana- bolsas de oro a un hombre pobre para que pudiera tener la dote de sus hijas y evitar que éstas fueran vendidas como esclavas. Se dice que el oro terminó en los zapatos de la familia, que estaban secando cerca de la chimenea. Por ello, en algunos países, los niños dejan en Navidad sus zapatos en la puerta, o cuelgan sus calcetines en la chimenea, con la esperanza de recibir un regalo en la víspera de la fiesta del santo.

Katrin Naab, presidente de la BDKJ de Speyer, recordó que "San Nicolás no tiene nada que ver con la publicidad del hombre de sombrero rojo y blanco".

La campaña "Zona libre de Santa Claus" incluye una variedad de carteles, insignias, tarjetas electrónicas, un mercado navideño al aire libre, así como Misas para niños, jóvenes y familias en la fiesta de San Nicolás.

fuente: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=27570

jueves 22 de octubre de 2009

LA UNIÓN ES POSIBLE!!! Santa Sede confirma paso del más grande grupo de anglicanos a la Iglesia Católica


VATICANO, 20 Oct. 09 (ACI).-Autoridades vaticanas anunciaron esta mañana la próxima publicación de una Constitución Apostólica para responder a los "numerosos" pedidos de clérigos y fieles anglicanos que desean ingresar a la Iglesia Católica en comunión plena.

Aunque las autoridades no anticiparon cifras, se sabe que uno de los grupos que ha pedido dar este paso es la Comunión Anglicana Tradicional, que cuenta con al menos 400 mil personas, constituyendo el grupo de anglicanos más grande de la historia en ingresar a la Iglesia Católica.

En una conferencia de prensa celebrada esta mañana, el Cardenal Joseph Levada, Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, explicó que la constitución "representa una respuesta necesaria a un fenómeno mundial" y ofrecerá un "modelo canónico único para la Iglesia universal adaptable a diversas situaciones locales, y en su aplicación universal, equitativa para los ex anglicanos".

El modelo prevé la posibilidad de la ordenación de clérigos casados ex anglicanos, como sacerdotes católicos y aclara que éstos no podrían ser ordenados obispos.

El Cardenal Levada explicó que en el documento "el Santo Padre ha introducido una estructura canónica que provee a una reunión corporativa a través de la institución de Ordinariatos Personales, que permitirán a los fieles ex anglicanos entrar en la plena comunión con la Iglesia católica, conservando al mismo tiempo elementos del especifico patrimonio espiritual y litúrgico anglicano".

"La atención y la guía pastoral para estos grupos de fieles ex anglicanos será asegurada por un Ordinariato Personal, del que el Ordinario será habitualmente nombrado por el clero ex anglicano", indicó el Purpurado, quien señaló que al menos una veintena de obispos anglicanos ha solicitado ingresar a la Iglesia Católica.

Asimismo, explicó que la nueva estructura "está en consonancia con el compromiso en el diálogo ecuménico" y reiteró que "la iniciativa proviene de varios grupos de anglicanos que han declarado que comparten la fe católica común, como expresa el Catecismo de la Iglesia Católica, y que aceptan el ministerio petrino como un elemento querido por Cristo para la Iglesia. Para ellos ha llegado el tiempo de expresar esta unión implícita en una forma visible de plena comunión".

El Cardenal Levada subrayó que "Benedicto XVI espera que el clero y los fieles anglicanos deseosos de la unión con la Iglesia Católica encuentren en esta estructura canónica la oportunidad de preservar aquellas tradiciones anglicanas que son preciosas para ellos y conformes con la fe católica".

"En cuanto expresan en un modo distinto la fe profesada comúnmente, estas tradiciones son un don que hay que compartir en la Iglesia universal. La unión con la Iglesia no exige la uniformidad que ignora las diversidades culturales, como demuestra la historia del cristianismo. Además, las numerosas y diversas tradiciones hoy presentes en la Iglesia Católica están todas enraizadas en el principio formulado por San Pablo en su carta a los Efesios: 'Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo'", agregó.

Finalmente, recordó que "nuestra comunión se ha reforzado por diversidades legítimas como estas, y estamos contentos de que estos hombres y mujeres ofrezcan sus contribuciones particulares a nuestra vida de fe común".

En una declaración conjunta, los arzobispos de Westminster y Canterbury, respectivamente Vincent Gerard Nichols y Rowan Williams, afirman que el anuncio de la Constitución Apostólica "acaba con un período de incertidumbre para los grupos que nutrían esperanzas de nuevas formas para alcanzar la unidad con la Iglesia Católica".

"Toca ahora a los que han cursado peticiones de ese tipo a la Santa Sede responder a la Constitución Apostólica", que es "consecuencia del diálogo ecuménico entre la Iglesia Católica y la Comunión Anglicana", indicaron.

Mons. Augustine DiNoia, que colaboró en la redacción de la nueva estructura, recordó que "hemos estado durante 40 años por la unidad. Las oraciones han encontrado respuestas que no anticipamos".

Para el Arzobispo, ha ocurrido un "giro tremendo" en el movimiento ecuménico y rechazó las acusaciones de quienes llaman "disidentes" a estos anglicanos. "Ellos están asintiendo al obrar del Espíritu Santo para estar en unión con Pedro, con la Iglesia Católica", precisó.

Mons. DiNoia explicó que aún se trabaja en los detalles técnicos y estos Ordinariatos Personales podrían sufrir variaciones en su forma final. Los detalles completos de la Constitución Apostólica serán publicados en algunas semanas.


miércoles 19 de agosto de 2009

Crisis Actual y Nuevos Modelos de Esperanza.

Nota: este es un trabajo que presenté para la asignatura "Antropología Teológica" el 2007. Lamentablemente perdí el archivo word con todas las citas... pero creo que lo tengo respaldado por ahí... apenas lo recupere, las pondré.

CRISIS ACTUAL Y NUEVOS MODELOS DE ESPERANZA

Introducción.

Para los cristianos, la esperanza es una palabra que normalmente se olvida, se hace más cómodo el término fe. No es algo extraño. Muchos de los que estudian teología vienen de una rica y hermosa vivencia pastoral y parroquial, en la que la convivencia de la fe supone una base sólida de lo que en realidad esto significa. La esperanza, que puede en muchas ocasiones ser utilizada como sinónimo de fe, ¿puede ser atribuida solo a los cristianos o creyentes en general? De hecho hay mucha gente que no cree (que no tienen el don de la fe) y que tiene muchas esperanzas depositadas en su familia, el hijo que va a la universidad, el trabajo, el destino, la vida, incluso el juego de la lotería, en el diputado, senador o alcalde. Pero también deberemos reconocer que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin esa gran esperanza que sostiene la vida (Ef. 2,12).

El termino esperanza nos llama, nos da pistas de nuestro ser trascendente. Es una virtud propia del ser humano, es intrínseca a nuestra naturaleza, es un rasgo profundamente antropológico. Esperar, soñar, desear, anhelar son sinónimos de una misma esencia que nos empuja e invita al salto al vacío, hace dudar al más acérrimo de los ateos en los momentos límites de la vida, la esperanza es pues una cualidad humanizante. Deseamos con ansias ese “algo” que es bueno; esperamos ese anhelado “algo” vigilantes, atentos y cautos. Para algunos, ese anhelado “algo” lo dan los ídolos de la sociedad moderna (poder, status, sexo, dinero, etc.); para otros, ese “algo” viene de Dios; para otros ese “algo” lo da la política (sueldos de senadores, corrupción, narcotráfico, estafas, etc.).

La sociedad, con todos sus actores, es el lugar clave en donde se tratan estos temas y en donde se pueden cambiar las cosas. La religión tiene en este ámbito una tarea fundamental en sus dimensiones ética y no ética: mostrar a los hombres del mundo una sociedad que espera en Dios; no obstante la discusión de Dios se reduce a lo particular y las cuestiones pro vida o de bien común se ha delegado a los agentes políticos. Esto último no es malo, pero se delega esa función en una especie de lavado de manos de los ciudadanos.

Lamentablemente la política se ha ido pudriendo en discusiones mezquinas y partidistas; resulta vergonzoso ver partidos políticos en clara oposición a cualquier idea del partido contrario. Los agentes políticos escogidos en democracia hacen de todo, menos representar a los ciudadanos. Solo se representan a sí mismos y a su bancada, lo cual también es vergonzoso. Los políticos deberían escuchar los gritos de esa gran mayoría que vive en la desesperanza, luchar en pos de los mas desvalidos, liberarse de partidismos… en otras palabras, vivir una política libre de presiones, libertaria, centrada en las personas y humanitaria.

Dice Jesús en el Evangelio, en una de sus bienaventuranzas: “Felices aquellos que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados”… esa es la labor de los cristianos en este mundo, mirarlo con los ojos amorosos de Cristo, en un intento o aproximación antropológica a la teología de la ternura de Jesús. Solo así podremos vivir esa anhelada felicidad dignas de los hijos de Dios y garantizar una clase política libre de partidismos y fiel al bien común, que es en otras palabras el mensaje de salvación de Cristo Jesús.


1) En Busca de una Política Esperanzadora

Es común escuchar a los jóvenes, y no tan jóvenes, de hoy decir que son personas apolíticas, es decir que niegan alguna capacidad de ser políticos. Eso es un absurdo ya que el ser humano en esencia es un ser sociable, es un ser que pertenece a la polis y por ende se relaciona de una u otra forma con los demás. El ser político es característico del hombre e incluso es un rasgo hondamente antropológico. En fin, la cuestión de fondo es otra: hay un masivo desencanto de la ciudadanía a la política en si, negando a priori todo tipo de manifestación referente a algún partido político, ideología o tendencia. Es común ver tristes espectáculos en las noticias, o programas de debate, cómo las clases políticas se enfrascan en discusiones ínfimas y de poca relevancia, también se denotan heridas aun no cicatrizadas y que salen a flor de piel como es el caso del golpe de estado del 73, las violaciones a los derechos humanos, que la derecha está a favor de los ricos y la izquierda de los más desposeídos, hasta el difunto Presidente Salvador Allende y el general Pinochet salen a la palestra, sin siquiera descansar en paz.

Todo esto hace que las personas se asqueen, se desilusionen y pierdan el interés en lograr una sociedad que cumpla con sus expectativas de trascendencia, de bienestar, de felicidad e incluso ideológicas. De todos modos, la pérdida de ideologías es un aspecto netamente posmoderno , como a su vez la pérdida de metas heroicas, el fuerte sentido hedonista, espiritualismos y negación casi total a las instituciones y estructuras jerárquicas organizadas (iglesia, ejército, entre otros). Aun así, las personas tratan de agruparse a través de clubes sociales, los grupos de acogida, bomberos, o las llamadas tribus urbanas, que permiten de una u otra forma una significación del sentido de la vida, forjando esperanzas y metas a fines y hasta puede que se trate tal vez de verdaderas vocaciones.

Hoy en la sociedad se vive con muchos factores que nos impiden tener esperanzas. Sociedades que alimentan y visten a animales antes que a los niños de la calle, son una clara muestra de lo trastocada que está la escala de valores; prefieren salvar ballenas arriesgando sus vidas y no defienden con la misma pasión a las inocentes y mudas víctimas de abortos. Da pena ver en los noticiarios las viviendas pobres y la ayuda asistencialista, soluciones habitacionales pobres y paupérrimas. Justamente la desesperanza es uno de esas consecuencias, ya sea por el flagelo de las drogas, la miseria humana, la soledad, la violencia irracional, el racismo, la intolerancia, la sociedad de consumo, segregación social, etc.; todo esto (y más) hacen de la vida un estado miserable en donde la esperanza radicará en la evasión de la realidad, anteponiendo arquetipos ilusorios de felicidad, negando incluso la propia humanidad. Ya esto de por si, desde un prisma religioso, es aberrante ya que la esperanza del reino de Dios significa afirmar al hombre como un sujeto para Dios, esto lo eleva por sobre todas las criaturas y lo dignifica .

La religión por su lado, tiene una responsabilidad intrínseca en defensa del hombre en su totalidad. En términos análogos, la humanidad es una especie de cuerpo que queda cercenado de sus miembros cada vez que un ser humano muere por inanición, por cada niño abusado, por cada persona enferma de sida, por cada persona muerta de peste, por cada anciano abandonado, por cada violación de derechos humanos, por cada sacerdote (y cristiano cualquiera) que no practica la caridad… la religión debe entrometerse en aspectos políticos para salvaguardar los derechos inalienables de la vida y dignidad. Es por eso que, volviendo al mismo término análogo, la Iglesia podría ser considerada como los pulmones de la humanidad. Es ella la que tiene como misión anunciar la Buena Noticia, denunciar las injusticias sociales y particulares, tiene una labor formativa humana y rica en Tradición y fiel a los designios de Dios que quiere que sus hijos no se pierdan, sino que tengan vida y vida en abundancia. Es por eso que para lograr una real cristificación de la sociedad, la iglesia (clero y pueblo fiel) debe ser crisol de santidad. En efecto, lo dirá B. J. De Clercq “los hombres llamados a realizar la misma esencia humana, son los que viven religiosamente y se comprometen políticamente” .

Llegamos a un punto en que debemos decir que la política y la religión son claramente dos dimensiones propias de la existencia humana. A lo largo de la historia han ido adquiriendo conciencia de su especificidad e independencia respectiva. Cabe destacar que las dos tienden a desplegarse en todo ámbito de la vida, por lo que han de estar enfrentándose constantemente y reajustándose la una a la otra. Todo cristiano que quiera reflexionar sobre las dimensiones de su fe, debe dejar un hueco a lo político en su reflexión, del mismo modo que toda reflexión profunda sobre política no puede dejar de lado la cuestión religiosa. En la vida concreta, lo religioso no existe sin relacionarse con la política, ni la política puede desarrollarse plenamente sin contar con la religión. Si el hombre es un animal religioso, lo es en cuanto animal político . Por ende, un hombre político debe ser libre de decidir pues el hombre es libre porque es para Dios.


2) Esperanza y liberación

La esperanza dice relación a la libertad. Dice relación también a una promesa de Dios. Hablar de libertad tiene sentido solo si el mundo está abierto al futuro pues la libertad se funda y se nutre en la esperanza. La esperanza cristiana tiene un carácter radicalmente libertario . Este carácter libertario se puede describir como una afirmación absoluta de Dios como único sentido del hombre libre y como negación de todo aquello que coarta el ejercicio de dicha libertad.

Desde el prisma religioso nos encontramos frente a una verdad antropológica básica: todo ser humano ha sido reconciliado con Dios en Jesús, por eso afirmamos que Dios es el sentido de todos los hombres. En efecto, la esperanza del reino de Dios niega todo aquello que coarta la libertad del hombre, y por consecuencia se opone a todo tipo de idolatría actual (y por venir) como lo es el poder político, el dinero, los regimenes totalitarios, los racismos, y un largo etc. En resumen, la esperanza cristiana rechaza "todo aquello que se objetive con pretensiones de absoluto para el hombre y que no es el mismo Dios" . Será esta misma esperanza la que le dará sentido a todo tipo de búsqueda de una mayor libertad en la historia concreta.

Por lo tanto podemos afirmar libremente que la fe en Cristo libera al hombre de la política , de sus coerciones y sus marañas. La promesa de bienestar, felicidad, paz y justicia que la política, supone, debe asegurar, no están al alcance solo de los recursos políticos. El creyente espera en Cristo todos esos bienes escatológicos y por eso el cristiano contempla la política con cierto recelo escatológico. Esto no quiere decir que se esta desechando la política, ya que si bien la salvación no es dada por la política, tampoco se da sin ella. Y si de verdad la Verdad libera, se hará eficaz únicamente para aquel que la obra.

Es por eso que la promesa de la salvación y el horizonte escatológico colocan a los cristianos en una relación no negativa sino dialéctica con la realidad social y política. Lo anterior fundamenta una acción esperanzadora. Los cristianos no deben huir del mundo ni desinteresarse de él, pensando con miedo o soñando con lo escatológico, sino mas bien su misión será la de transformar el mundo mediante una actitud crítica incesantemente renovada, mediante iniciativas inéditas y un rol creador. Esto implica una responsabilidad activa, una acción transformadora que la dimensión política cuestionada no puede eludir.


3) El problema de la gobernabilidad ideológica y su futuro a la luz del magisterio.

Las clases políticas han hecho lo suyo. Han manejado la sociedad manteniéndola estable dentro de lo que es posible tolerar. A pesar de una lucha de la iglesia por iluminar las discusiones políticas, llamando al perdón y a no olvidar los errores de la historia, hasta hoy caen en las mismas discusiones ideológicas, estancando las verdaderas prioridades de la ciudadanía. El Estado a pesar de sus muchas buenas intenciones se estanca en la discusión parlamentaria, no logrando ningún avance en políticas sociales o bienestar para toda la población. Para dilucidar un poco este tema, es necesario que como ciudadanos responsables tratemos de responder objetivamente la siguiente pregunta: ¿Cuál debe ser el rol del Estado en la vida de la sociedad? Como parecerá obvio, las distintas respuestas a esta cuestión generalmente son representadas en una especie de regla ideológica horizontal, o una balanza, a saber: en la extrema izquierda se ubica el socialismo colectivista o movimientos izquierdistas radicales, en el cual el Estado asume un rol totalitario; en la extrema derecha se ubica el liberalismo individualista, en el cual el Estado asume un rol mínimo; y por ultimo, entre ambos extremos se ubica toda una gama de posiciones más moderadas.

Desde un prisma religioso, existe un pluralismo político legítimo. No obstante lo anterior, debemos tener muy en cuenta que las propuestas políticas legítimas para un cristiano deben ser siempre, cuidando la ortodoxia, compatibles con los dos siguientes principios básicos de la doctrina social de la Iglesia: a) El principio de solidaridad, según el cual el Estado debe promover la justicia social, salvaguardando especialmente los derechos de los débiles y los pobres . b) y el principio de subsidiariedad, según el cual el Estado no debe sofocar los derechos del individuo, la familia y la sociedad, sino que, al contrario, debe promoverlos .

Si uno se mueve desde el centro hacia la derecha en esa especie de regla antes mencionada, llegará un momento en que deja de respetar el principio de solidaridad. En cambio, si uno se mueve desde el centro hacia la izquierda, llega un momento en que deja de respetar el principio de subsidiariedad. Entre ambos puntos está la zona del pluralismo político legítimo. Los conflictos políticos cotidianos y las discusiones mezquinas se dan habitualmente entre las distintas posiciones existentes sobre esta “regla horizontal”.

Así pues, de vez en cuando se originan asuntos que ponen de manifiesto otro problema político fundamental, que tal vez podría formularse así: ¿Cuál debe ser la actitud del Estado con respecto a la ley moral natural? Las distintas respuestas a esta segunda cuestión podrían ser representadas gráficamente sobre una regla vertical, a saber: en la parte superior ubicamos la respuesta que postula una actitud positiva del Estado hacia la ley moral natural. Aquí podemos situar la doctrina cristiana, ya que según ésta el Estado existe para buscar el bien común y esto sólo puede lograrse respetando el orden moral establecido por Dios en la naturaleza humana ; en la parte central ubicamos la respuesta del liberalismo político, que postula una actitud neutral del Estado hacia la cuestión del bien y el mal; finalmente, en la parte inferior ubicamos las respuestas radicales que postulan una actitud negativa del Estado hacia la ley moral natural. Aquí se denota el actual peligro de que la democracia se convierta en una “dictadura del relativismo”, según ha denunciado el Papa Benedicto XVI.

Tenemos entonces un panorama que nos hace recalcar que por las mas diversas razones, la “regla vertical” asumirá un papel cada vez más importante en la vida política de las sociedades del siglo XXI, llegando quizás a superar la notoriedad de la “regla horizontal” (un ejemplo claro es el fracaso del sistema comunista). Esta notoriedad e implicancias políticas de lo moral, lo ético, ya se esta viendo en nuestro país como pasó hace algún tiempo cuando se armó un revuelo (sobretodo en los grupos derechistas) ante las declaraciones de Monseñor Alejandro Goic, Obispo de Rancagua y presidente de la Conferencia Episcopal Chilena, diciendo que “en Chile el sueldo mínimo debería llamarse sueldo ético”, demoledoras declaraciones que hasta hoy resuenan en quienes no tienen oportunidad de ganar sueldos de político elegido por el pueblo. A futuro (si es que no se está dando ya) la discusión política chilena será en torno a la clonación, la eutanasia, la adopción de niños entre parejas homosexuales, entre otros.

Dios permita que cada día sigan apareciendo hombres y mujeres con verdadera vocación de servicio, profetas que sientan y busquen con pasión la felicidad y el bien común de sus conciudadanos y que no vivan subyugados por las decisiones de las altas cúpulas traicionando a quienes representan, ni traicionando sus propias creencias o aspiraciones de un Chile mejor. El mundo ya no necesita políticos, obispos, ni teólogos de escritorio. En la historia reciente ha habido cristianos radicalmente comprometidos con los avatares políticos: curas obreros, religiosos en barrios periféricos, comunidades de base, cristianos en sindicatos, partidos políticos, plataformas diversas de incidencia social. Muchos de ellos se encontraron en la difícil frontera que separaba una sociedad en acelerado cambio y una Iglesia que a menudo se resistía a ceder posiciones de poder. "Cristianos en el partido político”, “comunistas en la Iglesia", son muchos de ellos (aunque probablemente no todos) fieles de la Iglesia que han trabajado duramente por acercar la Buena Noticia de nuestro Señor Jesucristo a las clases más desfavorecidas y por lograr que la Iglesia sea fermento transformador de la sociedad , y no bastión conservador de los poderosos. Bien dijo don Juan Daniel Escobar que “aquellos cristianos inteligentes que no se quieran involucrar en asuntos de la política caen en el riesgo de ser gobernados por estúpidos”.


4.- Conclusiones

Los cristianos formados con vocación de servicio no pueden quedarse pasivos ante los eventos y procesos que se presentan en la contingencia del mundo actual. Es necesario una mirada crítica con altas aspiraciones a cristificar el mundo. La idea de transformación del mundo no puede darse de la nada. Tiene que haber una voluntad personal de querer cambiar el mundo y también una voluntad política.

Es necesario debatir estos temas en todos los estratos sociales y no encerrarlos en agradables tertulias, hermosas homilías o guardarlos en la vida personal. Nosotros, profesores de religión en formación, tenemos la agradable, pero ardua misión de llevar adelante los procesos de cambio en las conciencias. ¡Que gran desafío nos propone el evangelio para anunciar la libertad del ser humano y cristificar el mundo!, no obstante creo necesaria primero, la transformación propia, es decir, alcanzar una verdadera conversión en pos del mensaje evangélico. Logrado esto será menester transformar la propia familia, vivir en comunión sana y libre de egoísmos y en miras de una sociedad que vele por los derechos inalienables del ser humano.

La voluntad política es primordial para el debate. No se puede debatir si no se quiere. Es pues imperioso que las clases políticas vean en el ejemplo cristiano la vía para dignificar al hombre en su conjunto, velando por crear leyes que mejoren la calidad de vida y que no se quede solo en eso, sino que también se debe valorar el esfuerzo, el trabajo. Podríamos decir que por la voluntad política se producen los cambios en la sociedad. No obstante, la voluntad política no recae solo en aquellos personajes de los partidos políticos sino que por el contrario, en todas las personas, pues la condición política en propia nuestra.

La iglesia deberá seguir anunciando el mensaje salvífico y denunciando las injusticias siempre con una prudente sabiduría que permitirá dar luces a la sociedad de lo que Dios espera de ella. Una sociedad justa tiene que revisar también la inclusión de todos: jóvenes, jefas de hogar, ancianos, niños e indigentes. Es necesario acudir a ellos para oír sus necesidades y si esta en nuestras manos, podamos cambiar el curso de las cosas. Se trata pues de un trabajo conjunto entre todos los agentes que conforman la sociedad.

Hago un reparo para evitar y condenar todo intento de proselitismo ya en ello se pierde el norte de lo que se quiere construir, además que por estas actitudes la persona desaparece y nace las intencionalidades teniendo terminando en un hombre que se ha convertido en un medio y no un fin… de ahí nace la corriente asistencialista que lo único que hace es ayudar por pena o para sentirse bien en la conciencia por lo que no buscan ayudar a la persona en dar solución concreta y de fondo a sus problemas.

Una sociedad que quiera vivir una política libre de partidismos y coerciones deberá velar y fiscalizar a sus representantes, como a su vez deberá hacerse cargo de la problemática en el sentido de denunciar a los organismos correspondientes. Para así vivir con transparencia y liberado de toda atadura represiva que en el mundo eventualmente pudiese darse.

Nosotros, los seres humanos no podemos alejarnos de nuestra dimensión política y religiosa. Es casi una necesidad. Todos en algún momento conversamos de política, de religión. No puede ser posible que tales temas se reduzcan solo a las clases políticas o doctas, aduciendo a la ignorancia de los demás. Tal es el ejemplo del chofer de taxi que cuando conversa, comienza hablando de lo caro que está la bencina y termina haciendo duras criticas al gobierno o a las clases políticas y a sus representantes. Pero la política es más que eso, pues la política no es algo abstracto, sino que es algo que se ejerce. Es un derecho y por lo tanto debe ser ejercido en las votaciones, en la fiscalización, en demostrar un descontento, en la protesta, en las movilizaciones. Puesto que en la democracia se garantiza el derecho a al libre expresión.

Personalmente el tema me apasiona mucho. Tal vez no tengo las destrezas lingüísticas de un dirigente político, o quizás soy políticamente ingenuo, pero lo que sí se es que estas cosas que escribo son el sentir de muchos que ya no quieren ser meros espectadores. Al ver la injusticia y una democracia paupérrima y poco representativa siento un fuego que me invita a dar mi opinión, eso si, siempre alejado de los partidos. La cuestión es que hay personas, creyentes, que critican un actuar político cristiano, lo cierto es que la justicia social, la desigual distribución de las riquezas, las sociedades de consumo, la desnaturalización de la vida, los movimientos racistas, son cosas que hay que denunciar… solo habría que repetir la pregunta que se hacía san Alberto Hurtado “¿Qué haría Cristo en mi lugar? Esto y muchas cosas mas hacen que me entrometa, que dé mi opinión y que me haga cargo de ello siguiendo lo que dice Jesús de Nazareth en el discurso del monte en el Evangelio de Lucas capítulo 6, versículos 17 – 26. Al final, ¿Qué puede ser mejor que seguir al maestro? Nada, en absoluto.-